miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Nacionalismo que Propongo

                    

El nacionalismo es un autoconcepto compartido que ha servido para dotar de identidad a nacientes y vigorosas naciones para realizar milagros económicos, artísticos y de toda índole pero también de crímenes
basados en la creencia de que los nuestros son los buenos y los otros son los malos. 

Pongo sobre la mesa una invitación a que relancemos el nuestro. Un nacionalismo que parta de la sinceridad. Que reconozca que somos un país de predominio urbano, sin que eso nos avergüence, la ciudad no es mala por sí misma y esa vida rural, que tendemos a añorar, no es tampoco un paraíso que digamos.
          

Y en cuanto a nuestra convivencia como país, me parece que si pensamos como comemos nos llevaríamos mejor: Quiero decir, si consumimos pasta, hamburguesas, lumpias, falafel, arepas y sushi, bien pudiésemos tener la misma apertura para aceptar lo extranjero y prevenirnos contra la xenofobia, que - de paso, es algo ajeno a nosotros pero que se nos ha querido
inocular “a juro”-. Reconozcamos, por favor, que la comilona de fin de año tiene más que ver con nuestra venezolanidad que la misma batalla de Carabobo.


Propongo un nacionalismo civil. La mayoría de los venezolanos somos civiles y estamos desarmados, esa realidad es esencial. Los próceres de la Independencia hicieron cosas importantísimas pero no tienen por qué ser nuestros únicos héroes. Quisiera que en las escuelas
hubiesen más retratos de gente que nunca echó un solo tiro, pero que han instalado sistemas educativos, sanitarios, y han hecho arte. En los billetes debería haber gente como Jacinto Convit , Algimiro Gabaldón y en las calles, avenidas y parques con nombres como Juan Manuel Cagigal,Jesús Soto o Morela Muñoz.


Escuchemos nuestra música, pero porque es buena, no por obligación  con la excusa de que es “nuestra”. Que nadie
reclame a nadie que es un vendido porque no oye joropo. En el nacionalismo que propongo no existe la noción de traidor, pues trata de evitar todo aquello que tiene visos de fanatismo. Se trata de un nacionalismo opuesto, tanto al patrioterismo militarista de “La Venezuela Heróica” como a la cursilería de “Lo nuestro es lo mejor”. Una respuesta a la frívola infatuación con Miami y a la peligrosísima y hasta criminal quimera del
“Patria o muerte”. Un nuevo espíritu que nos enorgullezca de lo que sí tenemos, y que nos anime a luchar por lo que nos falta.

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Rafael Osío Cabrices
Todo en Domingo, Caracas 25 de mayo del 2008    

Fotos: Pablo Krisch

martes, 8 de noviembre de 2011

Corazón de Dragón/ La Esencia de los Principios de Caballería


Para Jobran Tajha R. quien me ayudó a entrar al mundo de la blogósfera y que me ha dado el orgullo de consirar a este servidor como su padre. El verdadero corazón de Draco palpita en su pecho.
Un film de 1996 inspirado en los cuentos de caballería pero con la variante de que el maniqueismo de que los caballeros son buenos porque si y los dragones son malos porque si, está completamente negado. En esta historia los personajes tienen absoluta libertad de elegir su destino y de tomar para si los postulados del Código de Caballería como principio de vida. La historia se desenvuelve entre un dragón (Draco) que representa el último miembro de su -de hecho- extinta especie y un "caballero" Bowen que ha renunciado a la ética caballeresca decepcionado por la  inutilidad de inculcar éstos principios en el resto de los        hombres. De allí en adelante los conflicos se desatan con el ingrediente de un pueblo oprimido, un rey soberbio y sin escrúpulos de ninguna clase, una reina madre que se siente culpable de haber salvado a un  ser que se convertirá en su propia perdición y sobre todo,  un individuo que sabe que su vida está ligada de forma indefectible a la de otra persona que es la crueldad encarnada y que su suerte será la       misma  para ambos. Digamos que en Draco y el rey se dá la  dualidad que existe en cualquier humano, los más nobles sentimientos y las  peores pasiones habitando en un mismo ser. No obstante la trama es muy entretenida y  no deja de tener cierto humor, sobre todo la escena donde el caballero y el dragón tratan de engañar a los aldeanos para robarles los alimentos, sin tomar en cuenta que corren el riesgo de ser descubiertos. Pero la escena más central del film es la experiencia casi religiosa que sufre el Bowen cuando entre las ruinas del castillo de Camelot,la voz del mítico rey Arturo vuelve del más allá para juramentarlo en medio de una noche tormentosa, hasta que éste se da cuenta de que la voz que creía que era del legendario rey no es más que la  del propio Draco. La  película está destinada a los niños, pero  insisto que a mí me conmovió de forma inusitada. ¿Será porque en realidad todavía sigo siendo un niño?