domingo, 27 de mayo de 2012

Una Mujer sin Rencores






Lo que van a leer a continuación fue escrito por el veterano periodista Cándido Pérez:
"En los años 70ta, quien contrataba a los cantantes y orquestas de música caribeña en Caracas era el empresario
colombiano Guillermo Arenas, y gracias a él logré concertar una entrevista a Celia Cruz, que se llevó a cabo en la misma oficina de Arenas, ubicada en un edificio cercano a la sede de Radio Caracas Televisión RCTV.

Yo era un estudiante de la UCV (Universidad Central de Venezuela) militaba en un partido de izquierda y era un ardiente defensor de Fidel Castro y su Revolución, razón por la cual no escatimé argumentos para
fustigar a mi
entrevistada con preguntas políticas que desembocaron en el recuerdo de su mamá, a quien dejó de ver para siempre, y en medio del llanto me dijo "Es que no te das cuenta que ni siquiera me permitieron asistir al entierro de mi mamá".
Elba Guillén, una compañera de trabajo y el propio Arenas, la calmaron. Pero yo creía que había hecho lo correcto al confrontarla con mis convicciones a expensas de su descarnado drama familiar.
Luego del incidente y en la planta baja del edificio, me

encontré con Carlos Argentino, quien trabajaba para la orquesta "Los Melódicos" de Renato Capriles y que había sido compañero de Celia en los tiempos de la Sonora Matancera, me dijo " Celia, no solo es la mejor voz afro que hay en el Caribe, eso todos lo saben, sino que también es la persona más amable con la que yo haya podido trabajar alguna vez".
Carlos Argentino tenía razón. Al correr del tiempo me encontré con los Knight (así hablaba Celia cuando se refería a su familia, es decir Pedro y ella) en un Festival de Salsa en Nueva York donde el fotógrafo
Fernando Sánchez y yo íbamos como corresponsales de la revista Swing Latino. Al vernos nos atendió con tal amabilidad, que sospeché que no me había reconocido, y nos presentó a su equipo como "sus viejos amigos de Venezuela".
Cuando me pareció prudente, pues no había mucha gente alrededor, aproveché para recordarle el hecho y disculparme . . . Pero no me dejó continuar y con su inconfundible sonrisa me atajó diciendo: "Oyeme, no seas bobito. Claro que sé quién eres, pero lo que pasó allá se me olvidó, así que ¡Olvídalo tú también!"

Cándido Pérez


El Nacional, Caracas, 17 de julio del 2003