viernes, 1 de enero de 2016

El malquerido / film con todos los ingredientes para ser muy querido

Para Virginia y Luis Pereira

Cuando la penumbra de la sala se disipó con la imagen y el sonido de Ese bolero es mío del dominicano Mario de Jesús Baez, quedé convencido de que todo lo que vendría luego llenaría las expectativas. No es simple retórica, pues llevar a la pantalla grande la vida de Felipe Antonio Pirela Morón (1941-1972) no sería algo tan fácil. En este caso, el veterano del acetato, Diego Risquez, optó por estructurar la
historia sobre el formato de una entrevista televisada en San
Juan de Puerto Rico y de allí hacer los respectivos flash
back que remiten a cada una de las etapas de su vida de forma cronológica, más bien didáctica. Historia redonda, basada en el libro del zuliano Eduardo Fernández “Felipe Pirela, su vida”. 
El film me recordó la producción
 Boleros en plena edad de oro del cine mexicano y basada en la actuación y vida de Agustín Lara. Pero volviendo a nuestra película, vale destacar la actuación de  Dylan Perez   quien hace las veces de “Pipito” en su Maracaibo natal y se luce pregonando las mandocas (postre zuliano) y sobre todo cuando interpreta Frenesí del mexicano Alberto Dominguez Borrás, en una emisora local.
Chino y Nacho al recibir el Grammy latino
En tanto que la vida azaroza -¿o azarada?- de “El bolerista de América” es interpretada por Jesús Alberto “Chino” Miranda P. joven de treinta años que ha hecho carrera como rapero en el dúo “Chino y Nacho” junto a Miguel Ignacio Mendoza D. y que, con esta puesta
en escena, hará un cruce transversal desde su público pre-adolescente natural, pasando por todo los estratos hasta incluir a los propios adultos mayores que, ahora lo reconocerán como el artista que es; algo así pasó con Luis Miguel cuando grabó la colección “Romances” de la mano de Armando Manzanero. 
En una entrevista concedida a Estefanía Diaz, la reportera del semanario “Quinto Día”, el Chino dijo que cuando supo que
estaba propuesto para el personaje, de inmediato llamó a su
papá para darle la noticia y él le dijo que Felipe Pirela era su ídolo, al punto de hacer todo lo posible para ir a oírlo en el Círculo Militar. Es lamentable que falleciera antes de ver el estreno de la película donde su hijo interpreta a su ídolo, al
respecto,el Chino dice que el bolero que más cantaba su papá era Retirada del mexicano José Alfredo Jimenez y por ende, el que más recuerdos le trae de él, aunque lo importante es, que a pesar de todo, pudo cumplir el sueño de su padre.

La actuación del Chino es muy sobria, y al venir de unos géneros callejeros como el Hip hop caracterizados por bailes cuasi-gimnásticos, su gestualidad en el canto de los boleros es muy limitada, vale decir, acertada, en tanto y cuanto, está representando a alguien que se le llegó a llamar “La estatua que canta” pero
además, su actuación tiene más mérito cuando se encuentra rodeado de verdaderos veteranos, como lo es Daniela Alvarado (la conseja indica que un film donde ella no aparezca, no es cine venezolano) Ivan Tamayo, como el manager José Paiva hace un papel de altura, Mariaca Semprúm como la madre de Mariela y sobre todo, Vicente Peña como Cheo García, y con esto comento la escena que más me impresionó, Samantha Castillo, como La Lupe, Lupe Victoria Yoli Raymond (1936-1992) con una verosimilitud y
 
fuerza avasallante, tal cual, la singular cantante cubana, en una escena donde canta a dúo con Felipe Pirela El son se fue de Cuba de Billo Frómeta, ante un grupete de borrachos, interpretados por el cineasta Carlos Azpúrua, el ex diputado Soto Rojas y el arquitecto Fruto Vivas, y que el director aprovecha
para dar un vistazo al ambiente político de los convulsionados años sesenta cuando América Latina se debatía entre dictadura, democracia y comunismo, y que le sirve como excusa para hacer un guiño a la crispación
política de la Venezuela de nuestros días.

El film da un paneo rápido por la Caracas de los años sesenta a través de sus referentes arquitectónicos, con la
cortina musical de Perdámonos (Mario de Jesús Baez) algo importante si consideramos que apenas en los cincuenta, la ciudad acababa de entrar al siglo veinte y la modernidad; ejemplo
de ello son el hotel Humbold, el paseo Los Próceres y la
concha acústica del Club Táchira en Bello Monte, donde se escenifica el matrimonio Pirela-Montiel bajo los acordes de Unicamente  (Felipe Valdez Leal) bien lo dijo Pablo Gamba "la iconografía de la cinta trasciende al personaje y abarca toda una época"


La actuación de Sheila Monterola, representando a Lucía, la madre de Pirela es contundente.
 Y en cuanto a Greisy Mena en el papel de Mariela Montiel fue una revelación, por la frescura de su rostro en un personaje trabajado al detalle, sobre todo en su último diálogo con Pirela en la salida de un
ascensor. No obstante su mayor esplendidez, no está en la
escena con su traje de novia sino en una toma lúdica en
la que el cantante y ella están cenando en los extremos de una larga mesa en medio de un mar de marea ascendente y ella le pregunta que desde cuándo no escribe un bolero para ella.


La música estuvo a cargo de Alejandro Blanco Uribe, quien tiene como curriculum haber creado fenómenos como las
producciones de Ilan Chester y Franco De Vita, en este caso tuvo la ayuda de Pedro Gonzalez director de la Filarmónica, para lograr grabar a la usanza de las Big Band pero con un toque de jazz para hacerla un poco más agresiva. Al respecto Blanco dice “La música era
el pivote de toda la obra, si se nos caía, estábamos perdidos, así que pusimos especial cuidado en ella, y ahora puedo decir, sin pretensiones, que el público oirá la mejor producción musical de la cinematografía venezolana”. Ejemplo de ello son los
arreglos de los temas ante dichos y de Entre tu amor y mi amor (Juan Ponati y Leopoldo Diaz V.Cuando estemos viejos (Dany y Julio Martin) y El malquerido del mexicano Alberto Dominguez Borrás.
Hay un diálogo muy revelador de lo desgarrador del bolero con respecto a otros géneros, y es cuando Paiva le dice a Pirela que los baladistas  están cerca de igualarle
el record de ventas y nombra a ManzaneroRoberto Carlos, Rocío DurcalLeo Dan y Nelson Ned para finalizar el parlamento con esta perla: “Al parecer la gente ahora como que es más feliz”.

La producción no ha dejado de suscitar críticas referidas a la

fin de la dictadura en Venezuela 1958 
historicidad; por ejemplo, en el film se hace ver que la entrada de Felipe Pirela a la Billo’s Caracas Boys coincidió con los últimos meses de la dictadura de Marcos Pérez Jimenez, cuando en realidad fue en el período de transición a la Democracia (Larrazabal-Betancourt)  Por su parte, el experto Alfonso Molina, la llama "elegía" en tanto, la cinta no escarba en el lado oscuro del personaje, más bien lo atenúa. También se ha criticado el hecho de que los
baladistas mencionados por Paiva no estaban en la palestra en el período de su contrato ni pertenecían al sello Velvet, cuestión que no dudo, no obstante me parece que la escena era
necesaria para ilustrar la entrada de la balada en la escena musical y su vigencia hasta nuestros días.

  O el hecho de que la verdadera “madrina artística” de Pipito, no fue la mamá de Aparicio sino la cantante Teresita Antunez, además, otro biógrafo de Pirela, Luis Armando Ugueto ( un tercer biógrafo de Pirela es José Napoleón Oropeza) indica que quedan por fuera personajes
relevantes que tuvieron mucho que ver con Felipe PirelaPorfi Jiménez, Estelita del Llano, Mirla Castellanos, Lila Morillo, el trío Los Naipes, Javier Solís, Marco Antonio Muñiz, el Trío Venezuela 
 o Renny Ottolina. En efecto, pero debemos  tener en
cuenta el costo en recursos humanos, dinero y tiempo para
integrar a tantos personajes en una cinta que, al fin y al cabo no tiene pretensiones de ser un documental. El cine, en las últimas de cambio, es un cuento en formato de pantalla grande.


Del blog "salsifícate", especializado en música caribeña y salsa, tomamos lo siguiente:"Que un hombre, apodado en los predios de la música caribeña como El Cantante de los Cantantes, haya dedicado un álbum íntegro, a la
Carátula del disco homenaje a Felipe Pirela
memoria de un artista, es mucho decir. Y si vemos que Héctor Lavoe solamente una vez -¿suena a bolero, cierto?- en su carrera grabó un disco homenaje, el peso del homenajeado debe ser muy importante, en efecto, lo hizo a su
 cantante favorito Felipe Pirela, en Recordando a Felipe Pirela, del año 1993". Y precisamente, l
a vida de ambos personajes, se puede resumir en las palabras puestas en la boca de La Lupe “¿Sabes por qué nos gusta esta profesión? Por el vértigo. Cuando estamos ante el
público estamos ante algo así como un abismo donde está todo junto, la Gloria y la caída ¡Todo junto!. Cuando subes, tú no ves pa’ 
bajo” Precisamente, la oscuridad del abismo advertida en el tango, transformado en bolero, Sombras nada más del argentino José María Contursi.

Muy bien retratada la relación con Luis M. “Billo” Frómeta
Pereira (1915-1988) quien fungió como su padre en el
medio artístico, por cierto, excelente actuación de Héctor Manrique y la labor de los maquilladores para llevarlo a ese parecido físico. Uno de sus parlamentos dice “El bolero es el testimonio de la forma cómo nos enamoramos en este lado del mundo...eso es lo que significan las maracas y el bongó...de algo si estoy seguro, el bolero no
será el mismo sin Felipe Pirela.
Para concluir, unos versos que van al caso “Ese bolero es mío, porque su letra soy yo, es tragedia que yo vivo y que solo sabe Dios”.
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Fuentes:
Estefanía Díaz, Quinto Día.
Pirela junto a su esposa Mariela Montiel
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Aquilino José Mata, Diario de Caracas
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Simón Villamizar, El Universal 17 de diciembre 2015
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http://salsificate.blogspot.com/2009/04/hector-lavoe-recordando-felipe-pirela.html
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 Ficha Técnica
Dirección: Diego Rísquez.
Guión: Robert Gómez, Emiliano Faría y Diego Rísquez.
Productor ejecutivo: Antonio Llerandi.
Director de fotografía: Cezary
Jaworski.
Edición: Leonardo Henríquez.
Sonido: Mario Nazoa.
Dirección de arte: Fabiola Fernández y Diego Rísquez.
Vestuario: Luisa J. Aveledo.
Casting: Sheila Monterola.
Jefe de producción: Carlos Marchan.