domingo, 5 de noviembre de 2017

La América de ensueño en el arte de Norman Rockwell

 Sus cuadros no eran piezas de museo, ni su nombre aparece en los textos de artística, pero la historia de la comunicación de masas

y la imágen que tiene de
si misma

la Norteamérica de a pié no sería  concebible sin sus imágenes.
  Por casi medio siglo su obra estuvo expuesta en los kioskos de cualquier esquina en cualquier rincón de los Estados Unidos.
Norman Rockwell (1894-1978) ilustrador de un detallismo obsesivo y de una verosimilitud fotográfica.
Su dedicación al trabajo fue de una
eficiencia industrial pues llegó a pintar más de cuatro mil obras.
Trabajó en el The Saturday Evening Post,  semanario de una tirada de tres millones de ejemplares por semana, además de Coca Cola, (El San Nicolás, tal y como lo conocemos, fue un encargo de esta compañía para el artista) Ford, Kelloggs, entre otras, sin contar que por cuatro décadas fue el que hizo las portadas para la revista de los Boy Scauts.
En su pintura se encuentra más información sobre el
American way of life que en una biblioteca de historia, dando la impresión de que el pasado, sencillo y hasta "ingenuo" que ahí se ve, alguna vez fue real.
Debido a esto, muchos lo han acusado de evadir  la cruda realidad que también se vive en Norteamérica, pero esto no es  cierto, pues temas como la Guerra y hasta la segregación racial (la imágen de la niña que debe ser escoltada por empleados federales para poder asistir a una escuela desegregada)
 fueron abordados por el artista, aunque hay que
agregar que lo hizo con un sesgo particular, de hecho, al respecto afirmaba que él pintaba a los Estados Unidos que él quería ver.
El hecho de ser neoyorkino lo hizo añorar los espacios abiertos, por eso sus paisajes suelen situarse en los pueblitos de la ruralidad, exaltando los lugares comunes favoritos, el amor al trabajo, la iniciativa privada, el estado de libertades, el ciudadano anónimo pero valiente etc.
Lo que más resalta de su obra es que, en cierto modo, convierte lo cotidiano en épico.

Vale destacar que Rotwell es una suerte de Mark Twain en versión gráfica, porque sabía que los niños y los perros siempre venden y más si se lleva  la pintura al límite de lo caricaturesco pero sin dar el salto definitivo.
Soy de los que piensan que el arte de Rotwell, si bien no llegó a tener la impronta de obra maestra
-algo de lo que él mismo lamentó toda su vida- su trabajo más que "el
sueño americano" de la sociedad de consumo, posee una atmósfera que nos impregna, algo que, aunque sea o no sea verdad, podemos catalogar como "El ensueño Americano".
Fuente: Boris Muñoz El Nacional, Caracas, 17 de febrero 2002.














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