martes, 17 de junio de 2008

Las Penurias de un bebè



El día de mi nacimiento, con mi piel cubierta de una baba
blanquecina, con la nariz obstruida por no sé qué extraña sustancia y con la placenta de sombrero, pelé los ojos y con cara de asombro pensé: -Bueno, ya se acabó la espera, al fín llegué. Creo que con esto se me acabaron los problemas. ¡Qué equivocado estaba! La bienvenida resultó ser una zurra por el trasero.


La peor parte resultó ser la etapa que va de cero a tres meses, me obstinaba el manoseo y la pellizcaderade cachetes de parte de mis tías, abuelas, abuelos, amigos y amigas de mi mamá. También tuve que calarme la cantaleta de ¡Ay qué cocha pechocha! y las angustiantes comparaciones con los rasgos físicos de todos los miembros de la familia (todavía tengo la duda de que mi papá sea mi papá). Y dígame aquella ridícula cancioncita de:"Atuna,
atuna, atuna que tuna tuna" Y qué decir de la señora que con sus manos hediondas a cigarrillo me metía el dedo en la boca y me decía "A ve' muellame pe'...Muellame con echa boquita". . . Lástima que no tenía unos meses más para dejarla sin dedos así me quedara intoxicado con nicotina.


No podía entender porqué no me daban comida como a cualquier persona. Primero, las tetas de mi mamá ¡Guácala! ¿Habiendo tantas mujeres, tenían que ser las de mi mamá? ¡Qué aberración! Después critican el incesto. De verdad que me daba como cochita suscionarle los pezones a mamá, pero, entre eso y la muerte por inanición, tuve que resignarme y conformarme con ese mezquino chorrito de leche que no llegaba ni al cuarto de onza y que hacía que siempre permaneciera hambriento. Dígame cuando me llevaron al tal pediatra. Me quitaron la ropita y me montaron en la superficie metálica de una balanza que estaba previamente enfriada con un aire acondicionado a millón. En realidad me sentí como un trozo de carne en una carnicería. Ahí aprendí de donde viene la fulana expresión de "muchacho redondo". Pero el pediatra dijo algo aterrador: -Vamos a probar quitarle el pecho para comenzar a suministrarle la S26. ¡Era un médico nazi! Proyectaba quitarme el pecho y luego me rociaría con S26. Después supe que S26 no era el gas venenoso que me imaginé (aunque por las floculaciones que me produjo, debo admitir que casi me envenena a mi mismo) sino una sustancia con un insufrible sabor a mondongo mezclado con galletas María y sardina.

Claudio es un chavista camuflado

Cada rato me cago y me hago pipí ¿Pero cómo no hacerlo? si me la paso de susto en susto: Me lanzan hacia arriba , me atajan en el aire, mi abuela, que sufre del mal de Parkinson, me asoma por el balcón, y mi hermanito mayor está empeñado en que acaricie al dóberman para que esa bestia y que "me reconozca". Todas las noches lloro y es porque tengo un mal presentimiento, pues para colmo ya, en más de una ocasión, he oído a mi papá decirle a mi mamá: "Ya sabes, que en cuanto se duerma le damos" ¡Sinceramente ésto no es vida! Sólo espero crecer para que se me acabe
esta sosobra.


Claudio Nazoa

4 comentarios:

Martha Colmenares dijo...

Pues Alí, que grata sorpresa encontrar sobre tu blog. Me he estado entreteniendo muchísimo, además, otra visión de esa realidad asfixiante en que vivimos sumidos. Ya me tendrás dando mis vueltas y me da mucho gusto enlazarte si me lo permites. Recibe un abrazo, Martha

Martha Colmenares dijo...

Pues si, el honor ha sido mio tener tu blog entre mis listas de amigos.
Un abrazo, Martha

La Gata Insomne dijo...

hola
estoy de vacaciones de blog, pero paso por aquí a decirte que la foto del gato es de internet, es de uso público, te la regalo y no tienes que poner nada de mi blog, porque no la tomé yo

Me ha gustado lo que vi de tu blog
cuando me pongan Banda ANCHA paso a visitarteih

raga dijo...

pues cuando crezca ni te cuento...

muy buen blog!

dos besos