domingo, 25 de septiembre de 2016

Rush, pasión y gloria / Historia de dos pilotos opuestos



Para  Itamar Ginés Pereira 
y Mariam Tajha Reyes


Debo aclarar  que soy un ignorante de todo lo que tiene que ver con el automovilismo. Pero cuando la historia es buena no importa de donde venga y se agradece que nos la cuenten.


James Simon Wallis Hunt corría para que llovieran sostenes, blúmeres y hacer fiestas con sus amigos. Niki Lauda en cambio, lo hacía para que lloviera dinero y así consolidar una empresa. 

Por supuesto, se trata de una simplificación. Pero lo importante era que los unía el deporte. Y esta cinta narra cómo esa rivalidad les hizo ganar en reconocimiento mutuo.
Hunt, de la escudería Mc Laren, inglés pero nada que ver con el flematismo decimonónico. En este caso, se trataba de todo lo contrario pues era lo más parecido a uno de sus paisanos de la banda de los Rolling Stone.
 Apuesto, 
fumador, fotogénico provocador de escándalos, ¡En fin! una delicia para los paparazis. Pero con una garra y reflejos a punto, con una capacidad de reacción tan rápida y precisa, que lo equiparaban a un "tigre del volante"  más que valiente, temerario, pues hundido en la adrenalina, se sentía como pez en el agua. 

Andreas Nikolaus Lauda, mejor conocido como Niki Lauda, ariete de la Ferrari, metódico,  calculador, monógamo,
con un alto sentido de la responsabilidad. De aspecto algo ratonil y que, a pesar de provenir de Austria, país que ha sido considerado como la vertiente artística y soñadora de la cultura en lengua alemana, pero en cuanto a
Lauda esto no aplica, pues era la imágen viva de un insufrible oficial prusiano. Sistemático, obsesivo al más mínimo detalle. Para él nada podía quedar al azar, en casi todas las fotos aparece uraño, arrogante por saber la capacidad de su valía y esto lo hacía difícil de abordar e impopular para los periodistas. 
Lauda sostenía que Hunt era bueno para ganar carreras, pero no la temporada, pues su inmediatez le hacía miope a la visión panorámica de la justa.
Ambos se verán las caras en una de las temporadas más dramáticas de la fórmula uno: la de 1976.
Eran tiempos mucho más peligrosos que los actuales. Para ilustrar ese peligro les doy un dato: 
Entre 1952 a 1975 habían fallecido veintinueve pilotos en los circuitos. En otras palabras, ¡Un piloto fallecido cada nueve meses y dos semanas! 
Recordemos que desde 1994, con la muerte del brasileño  Ayton Senna, no han habido más accidentes fatales.

Siguiendo con la película. Atención a las escenas en el circuito de las curvas más infames, un ambiente de montaña  permanentemente húmedo y neblinoso, Nurbugrin (Alemania) apodado como
"El infierno verde". 
Se puede apreciar la forma en que cada uno trataba de superar los traumas sobre todo el del miedo. Algo que no salió jamás en ninguna pantalla. 

Historia de por si fascinante y que no deja de sorprender al espectador desconocedor de este deporte como yo. Aunque creo que a los tradicionales amantes de los "fierros",
la nafta de alto octanaje y los cauchos quemados, que ya conocen esa historia, también tendrán una experiencia tensional con unas escenas de verdad escalofriantes.

 Es en medio de esos nefastos antecedentes cuando se presenta esta lucha entre la garra del rápido instinto y el rigor del trabajo lento y sostenido en un par de egos descomunales ¿quién de los dos al final tuvo la razón?


Si al principio de la lectura les dije que yo no sabía ni un tornillo de Fórmula Uno, soy el más adecuado para dar una respuesta que traduciré en otra pregunta ¿Cuál de los dos nombres es el que a usted le viene a la mente de primero?
Fuente: Alexis Correia, El Nacional Caracas, 03 de octubre del 2013,

TÍTULO ORIGINAL: “Rush”
James Hunt, foto de archivo
GÉNERO: Drama – Acción - Biopic
PAÍS: Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña - 2013

DIRECCIÓN: Ron Howard

ELENCO: Chris Hemsworth, Daniel Brühl, Olivia Wilde, Alexandra Maria Lara y Pierfrancesco Favino.

Niki Lauda, foto de archivo
GUIÓN: Peter Morgan

PRODUCCIÓN: Brian Grazer, Ron Howard, Andrew Eaton, Eric Fellner y Brian Oliver.




Trailer

DURACIÓN: 123 minutos.
Lauda y Hunt, foto de archivo

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La dedicatoria más conmovedora que alguna vez haya leído



Me refiero a una dedicatoria que no ocupa nisiquiera
media cuartilla; no obstante, me conmovió a tal punto, que hoy sale a relucir por acá.

Se encuentra en el primer libro de la serie Crónicas de Narnia, publicado en 1950. Pero antes de que la lean, permítanme decirles algo acerca de su autor y cómo llegué a conocerlo. 

Sería en 1985, cuando mi pastor, Néstor Alejandro Blanco nos
  recomendó algunos libros que versaban sobre la vida de Fe, entre ellos, uno que devoré como un hambriento y que no he dejado de

C.S. Lewis
consultar: Cristianismo y nada más, versión castellana de la editorial Caribe, referido a la esencialidad del mensaje de Jesús, limpio de radicalismos, ortodoxias, e interpretaciones torcidas y hasta contumaces, para brillar como la gema entre las joyas que en realidad es. 

 Por años creí que el
autor era solo un ensayista de excepción. Hasta que un diciembre, veo el poste de la película El león, la bruja y el ropero y debajo, el nombre: C. S. Lewis, y fue así que descubrí que, uno de mis escritores cristianos favoritos, era también
Lucy Barfield 1935-2003
¡Un escritor de cuentos! ¿cómo no admirar aun más, a un maestro y hasta colega? 


De esa manera comencé a indagar más en su biografía
Clive Staples Lewis (1898 - 1963) -nisiquiera él usaba esos nombres tan enrevesados y firmaba con sus iniciales- 
Este escritor irlandés, era profesor de Literatura medieval en Oxford,
 donde era conocido como un ateo recalcitrante y practicante (si aceptamos el término) y en donde entabló amistad literaria, con otros académicos que ocupaban el poco tiempo restante de sus deberes con la Academia, para dedicarse a la
J. R. R. Tolkien, 1892-1973
literatura ex cátedra. Entre ellos, el erudito J. R. R. Tolkien (1892-1973)  quien, por ese tiempo, estaba escribiendo El Señor de los anillos, y entre lectura, revisión y discusión de los manuscritos de esta ciclópea obra, también se daban tiempo para filosofar y a discutir acerca de todo lo humano y todo lo divino. 

De esta forma, Tolkien, que era cristiano, fue influenciando a Lewis, prestándole libros y haciéndolo conocer gentes que tenían que ver con el mensaje de Jesús, hasta que,
Fotograma de "Tierra de sombras"
luego de un proceso largo y accidentado que duró años, Lewis se convirtió a la fe que antes aborrecía, pero lo hizo a conciencia, tal y como Saulo en su camino a Damasco.


Sin duda, Lewis es un personaje interesante en muchos aspectos, de hecho, Richard Attenborough, el mismo director de la monumental Gandhi, filmó una película acerca de un episodio de la vida de Lewis. Se trata de la historia de amor con su esposa Joy Davidman, titulado Tierra de sombras, filme del cual vale la pena hablar, pero en otro momento.
Lucy Barfield en 1950

 Por lo pronto, solo quisiera decirles que "Narnia" fue dedicada a su ahijada Lucy Barfield (1935-2003) que por cierto, es el nombre de la niñita que aparece en la película.
Pero cuando el libro fue publicado, ya Lucy era una joven de quince años. Este dato resulta relevante, para los efectos de su lectura. 
Sin más, la dedicatoria de marras:

 Mi querida Lucy

Este relato lo escribí para ti. Pero cuando lo comencé, no había caído en cuenta que las niñas crecen más rápido que los libros. Por lo tanto me temo que ya eres mayor para eso de los cuentos de hadas.  Y cuando el libro esté

impreso y encuadernado, serás aún mayor. 
Sin embargo, pasará el tiempo y algún día serás lo bastante mayor como para añorar tu infancia y querrás volver a  leer cuentos de hadas. Entonces, lo sacarás del estante, le quitarás el polvo y entrarás por las puertas del mundo mágico de sus tapas y ¡Al fin podrás decirme qué opinas de él! 

Pero lo más probable es que yo estaré tan sordo. Que tendrás que hablarme muy alto. Pero incluso, a pesar de eso, seré tan viejo. Que ni siquiera comprenderé lo que me digas. 

Cuando eso pase, no te sientas triste por ello. Eso sí, solo quiero que nunca olvides, que siempre serás la ahijada por la que antes, y siempre, siento tanto cariño.
 
                          Con afecto,  tu padrino


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Agradecimiento a Tomás y Eunice Helinger, quienes tuvieron a bien facilitarme varios de los libros del autor.