jueves, 20 de septiembre de 2018

El alma del espagueti western


En esta singular foto vemos al guardia civil en compañía, nada más y nada menos,  que de Lee Van Cleef, el villano por antonomasia, y Clint Eastwood,
el pistolero solitario.
La presencia del guardia (muy parecido al sargento García de El Zorro) delata que el paisaje o set corresponde a uno de los sugestivos parajes de Almería, la semiárida provincia española, donde fueron rodadas en su totalidad cintas como Por un puñado de dólares 1964, la muerte tenía un precio1965, o El bueno el malo y el feo 1966 . Filmes icónicos que, junto a la banda sonora de Enio Morricone ─obra maestra por si sola─ dieron nuevo auge a un género del cual parecía que ya se había dicho todo. Pero no. Porque alguien se propuso insuflarle nueva vida al inaugurar lo que fue llamado de manera despectiva espagueti western por su factura europea, pero que no obstante estaba destinada a revolucionar el género.


Sergio Leone (1929-1989) por lo parecido, no sé si llamarlo el Savater del cine. Era un cineasta bonachón, gordo, barbudo y medio descuidado en su
porte. El artista sin pretensiones que las élites suelen rechazar, pero que detrás de las cámaras hacía magia para mantener el suspenso estirando y acortando los tiempos para entretenernos con historias inolvidables que saben combinar la crudeza de la miseria humana con lo conmovedor de la prestancia moral.
Si a alguien Eastwood tiene que agradecerle, es a Sergio Leone, pues no solo fue su mentor en su carrera como actor, sino que lo dotó de las herramientas, y sobre todo la visión de lo que es el cine. De hecho, entre ellos ocurre
cierta metamorfosis donde se trucan los papeles. Sergio Leone se convierte en ese vaquero anónimo que llega a un pueblo sin ley para luego llevarlo a la altura que la comunidad (el western) había perdido y por otra parte, el actor encasillado en el papel de “duro” pasa a tener la herencia mágica del genio, su predecesor y antiguo mentor ( y para no defraudarlo) termina por superarlo. Así que Clint Easwood terminó siendo el alter ego de Sergio Leone y viceversa.
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Foto del encabezado cortesía de el blog "El cine sin gafas"