
a Esther Romero, quien insistió en que leyera tan voluminosa obra, a Mireya y Julio César Rodriguez quienes me facilitaron la cinta en formato casero, a Mayte Alayón, quién también, como Margaret, sabrá sacar algo bueno de los trances malhadados, a Vivian L. Rodriguez de Molina por su mirada tan parecida a la de su tocaya inglesa, y a Súlmar Esmirna a quien le apasiona todo lo relacionado con dicho libro.

No le gusta comentar super-producciones, creo que para eso hay mejores "teclados" que el mío, además ya se ha dicho lo que es y lo que no es acerca de esas monumentales obras, es muy difícil que yo pueda añadir algo nuevo. Prefiero hablar de esas películas buenas que pasan por debajo de la mesa y que son una sorpresa para muchos, luego de haber bajado de las marquesinas. Por otro lado, no es mi estilo ponerme sentimental ni grandilocuente al comentar algo, me parece un acto de "cursilería" y eso no va con mi estilo. Ahh...y además, soy enemigo jurado de los textos extensos, no me gusta leerlos y mucho menos someter a mis lectores a dicho martirio. He aquí mis principios de publicación de libros y mucho más de contenidos en red. Pero ya ven... Hoy pasó un ventarrón y se llevó todos esos principios a donde no tengo ni idea.



"Lo Que el Viento se Llevó" film basado en el libro homónimo de Margaret Mitchell (1900-1949). Los padres de Margaret eran de ascendencia irlandesa, se inició en el periodismo escribiendo para algunos diarios, en especial el Atlanta Journar. En 1922 se casó con Rehtt Berrien, un conocido y exitoso contrabandista. En 1926 se fracturó un pié, y en medio de su forzada reclusión, decidió aprovechar el tiempo, plasmando en cuartillas esas historias y anécdotas que la rodeaban desde niña y que eran parte de la tradición oral de su familia. Es bueno recordar que al momento de su nacimiento, la Guerra de Seseción tenía tan sólo 35 años de haber concluido, de forma tal que en su niñés pudo conocer a los mismos veteranos que sobrevivieron a la ecatombe, eso, sin contar que su padre era el presidente de la sociedad de Historia de Atlanta.

Para acometer la tarea, mandó a construir una mesa especial para poder montar su mastodóntica Remington y trabajar desde su cama. El fruto de este "feliz" accidente para la literatura, fue un rimero voluninoso de cuartillas bastante desordenado. Pero, luego de esa febril escritura, se preparó a encarar sus problemas personales, con la decisión de divorciarse de Berrien. Para ninguno de sus allegados era un secreto que,
bajo la piel de esa primorosa y ensoñadora criatura de ojos zarcos, había un alma contumáz y de caráter temerario ¿Les recuerda a alguien? Tiempo después, contrajo nupcias con el editor del periódico del cual ella era redactora, John R. Masch. A todas estas, el desordenado manuscrito de "El Antiguo Sur" pasaba de un baúl a otro, estorbando por todas partes y luchando por salvarse de la polilla por espacio de casi diez años, hasta que, ayudada por su esposo y por el editor, Harold MacMillan, logró p
oner orden en el caos, le cambió el título a la obra y la publicó en 1936.

El libro fue un éxito inmediato, no solo en Georgia, sino en todos Los Estados Unidos - llegaron a venderse 50 mil copias en un solo día, teniendo en cuenta que se estaba en medio de lo más crudo de la depresión del 30- Al año siguiente se llevó el Pulitzer 19
37. El productor David O. Selznick no vaciló ni un momento para comprarle los derechos de cinematografía a Margaret a un més de su publicación.
Selznick tenía los derechos de cinematografía, pero se dió cuenta de que quedaba totalmente desbordado por tamaño desafío. Todo el mundo en Estados Unidos leía la obra y la crítica estaba dispuesta a destrozar la carrera de cualquiera que no llenara todas las espectativas al filmar una obra que era algo tan personal para sus lectores, además, los costos de una epopeya épica como esa, eran astronómicos, por lo que decidió vender los derechos a La Metro, con la co
ndición de que él fuese el productor con máxima independencia de trabajo.
El primer guión escrito por Sidney Howard fue entr
egado en 1937 y era de ¡Cinco horas! Pero eso no era nada. La gran disyuntiva era acerca de la actuación estelar. En cuanto a la elección de quien representaría a Rehtt no hubo discusión en la escogencia de Clark Gable, no obstante, el gran dolor de cabeza de Selznick, era la elección de la que protagonizaría a Scarlett O'Hara. ¡Todas las artistas soñaban con ser Scarlett! Y la opinión pública presionaba terriblemente. Se hacían concursos en la radio, se hacían retratos hablados en los periódicos, y cada quien aportaba la imágen que tenía d
e su particular lectura del relato. En dos años de casting se llegaron a evaluar mil cuatrocientas ( 1.400) actrices. Con la presión adicional de que los resultados, eran noticia del día. Divas de la época, del calibre de, Katherine Hepbrurn, Joan Fontane , Lucille Ball (exacto, la misma de la exitosa serie humorística "El Show de Lucy") Susan Hayward o Lara Turner, por decir algunas, no llena
ron las espectativas y fueron rechazadas sin contemplación alguna. Se dice que, la glamorosa Joan Crawfort, otra de las "dejadas por fuera" lanzó contra la película, una maldición de madre moribunda , a la que se le achacan los tantos accidentes y contratiempos que tuvo la filmación. Pero lo que mejor ilustra la frustración de las divas, es la amargura de la declaración de la oscarizada B
etter Davis, quien, a pesar de ser la diva del momento, no aprobó el casting: "Hubiese dado toda mi carrera de actriz, con premios y galardones incluidos, con tal de haber sido la dueña y señora de Tara".
Continúa...